Tus hijos van a ver porno en Internet, asúmelo

Tus hijos van a ver porno en Internet, asúmelo

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Tan cierto como que dos y dos son cuatro

Lo dicho, nuestros hijos e hijas verán porno en Internet, a menos que tiremos de soluciones salomónicas que probablemente tampoco sean 100% efectivas: todo el mundo sabe que no se le pueden poner puertas al campo, el porno está más accesible que nunca, los chicos y chicas tienen dispositivos personales con los que acceder, y además pasan mucho más tiempo solos porque muchas veces llegan a casa y no hay nadie con ellos.

Súmale a esto que los humanos somos seres curiosos por definición, y que el porno y el sexo son temas aún tabú en la sociedad, y ya tenemos el cóctel perfecto para querer saber, mirar, observar, aprender y descubrir.

¿Qué repercusiones puede tener?

Es una de las preguntas más importantes al respecto. Una vez asumimos que antes o después acabarán delante de Internet viendo escenas porno muy diversas, la mayor duda por nuestra parte radica en saber qué repercusiones puede tener, y sobre todo cómo les puede afectar según sea la edad que tengan.

La respuesta es difícil y compleja, en realidad, porque todo depende de las bases que tenga esa persona, de su edad y de la cantidad y calidad de la exposición.

No es lo mismo que vea porno un chico que vive en un hogar donde se puede hablar abiertamente de las relaciones interpersonales, e incluso de sexo, que lo haga uno en cuya familia se considere obsceno o tabú todo lo relacionado con la desnudez.

Tampoco es lo mismo que vea porno de vez en cuando, a que lo haga muy a menudo, o que los vídeos que vea sean relativamente suaves, o bien haya escenas de dominación violenta, de humillación y/o agresión.

Y obviamente, dependerá también del carácter, de la manera de ser del menor, de su sensibilidad. Ante una misma escena, muchos chicos y chicas pueden reaccionar de forma muy diferente, como es lógico.

La importancia de la educación sexual desde bien pequeños

Y no nos referimos solo a la educación sexual de nuestros hijos, desde bien pequeños, sino a la que podamos tener nosotros, pese a que ya somos adultos.

Porque muchos creemos que como adultos somos capaces de educar sin transmitir el tabú del sexo y la realidad es que seguimos sin saber cómo hablar de ello, sin saber cuándo ni cómo tratarlo, y un poco a verlas venir.

Así, somos nosotros los primeros que tenemos que trabajar nuestra educación sexual, para poder hacer lo propio con nuestros hijos desde que son pequeños. Teresa García nos da cuatro pautas muy claras:

1. Construir una relación de conexión mutua con nuestra descendencia. Recuerda que los castigos suelen evitar las conductas, pero solo delante de la autoridad que castiga.
2. Hablar de las relaciones humanas, y dentro de eso del sexo como una parte importante.
3. Ver con nuestros hijos e hijas películas de todo tipo y hablar juntos del argumento. Nuestra capacidad crítica crece con la práctica, y si practicamos con otras será más fácil que eso se extienda a este tipo de contenidos cuando comiencen a consumirlo.
4. Para practicar los tres anteriores, suele ser imprescindible haber trabajado nuestros propios conflictos con el sexo.

Teniendo esto claro, y trabajándolo adecuadamente, podemos empezar a educar en la sexualidad desde que son pequeños, tal y como sugiere la psicopedagoga Alma García, con quien también hemos hablado para conocer su visión de este tema:

El desarrollo cognitivo más importante se da hasta los 6 años aproximadamente, y ahora sabemos también que sucede lo mismo con el desarrollo emocional. Los padres llevan a sus hijos a música con 4 años, a actividades en la naturaleza, a “escuelas buenas”, pero sobre sexo no dicen nada. Pero la educación sexual debe comenzar ya, adecuando contenido y vocabulario a su edad, pero comenzando hoy mismo.

¿Y eso cómo se hace? ¿Cómo se empieza a hablar de algo así con niños pequeños? Pues parece que lo más importante no es hablar de sexo, obviamente, sino ayudarles a entender y respetar quiénes son, y a partir de ahí ir construyendo los diferentes conceptos que sirvan como base desde esa edad temprana: cómo es el cuerpo humano, por qué es así, la importancia de respetar tu propio cuerpo y respetar también el de los demás, quererse, y en definitiva ofrecer información que elimine de una vez por todas los tabús.

Todo ello con el objetivo de lograr que los niños crezcan sabiendo qué es el sexo y la sexualidad, que las relaciones pueden ser para procrear, pero también por placer, que existe el sexo con amor, el sexo sin amor, el sexo con pareja estable, sin ella, y que sepan que, por encima de todo, lo más importante es el respeto. Así, cuando un día vean porno, podrán hacerlo con una base y con una mirada mucho más crítica y madura.

Con información de Xataka

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